domingo

Dejando Bali, Septiembre de 2002

El Gecko está sentado en la escalera del ferry que deja Bali rumbo a Lombok por un total de 15 mil rupias, que son casi dos dólares. Antes de zarpar hubo un largo paseo al lago Batur que llevó un gasto más alto, ya que el trayecto no estaba en la ruta a Pontbay, de dónde salía el ferry.
Tengo a Besarroren y a Siamatri, dos adolescentes que están mirando lo que escribo esperando que les dé un cigarro, pero son muy niños, aunque con tal que me dejen tranquilo no importa. Ya estoy en medio del Océano Indico y en unas tres horas más estaré en una nueva isla del Sureste Asiático comiendo en cualquier lugar y hablando con los lugareños que me preguntarán What is your name, Where are you from y How long you has been in Indonesia.
Retomando un poco, sucede que el día de ayer dejamos la Playa de Kuta luego de levantarnos a las siete de las mañana para viajar con destino al Lago Batur, que terminó siendo un puro pantano con un raquítico mercado dónde no había realmente demasiado para ver o hacer, así que las cosas anduvieron algo malhumoradas porque quisimos irnos inmediatamente de ahí. El tema es que no pudimos porque ya habíamos pagado por alojar en un lugar que ni siquiera tenía ducha, aunque El Gecko solucionó todo con una sonrisa guasona en su cara y una botella de Gin en su mano que tomamos con coca cola, gracias al regalo que le hizo una Australiana en Kuta. Todo esto había pasado después de una noche de baile en Sari Club, lugar de los mejores combinados de Arak, el Jungle Juice, que hacía de las fiestas de Bali un loco jugo colectivo. Un par de semanas más tarde, el mismo local volaría por los aires producto de una bomba que explotó en una triste mezcla de sudor, tejidos humanos y alcohol, según me detallaría una holandesa más adelante en la Full Moon Party de Thailandia. Pero esa es otra historia.
Mientras jugábamos naipes el destilado tenía un intenso olor a colonia que hacía beber a lentos sorbos y eso que los tragos estaban muy suaves, aunque después de un par de horas lo terminamos bebiendo sin asco. Simultáneamente discutíamos de dónde había salido esta loca idea de encontrar los rastros de un cocodrilo milenario que vivía con dinosaurios, en este Archipiélago caótico.
-No sé de dónde sacaste que encontraríamos a ese reptil por esta ruta, dije mientras encendía el enésimo cigarro.
-Emilio Salgari siempre decía que los procesos evolutivos habían sufrido alteraciones en el archipiélago de Indonesia.
-Emilio Salgari no era más que un borracho, carraspeé, sabiendo el enojo que comentarios de ese tipo producían en mi colega.
-¡Igual que tú!, exclamó El Gecko.
-¡¡¡Y voz!!!, respondí.
Un excuse me femenino con acento difícil de entender nos silenció a ambos. Era la vecina de al lado de Gales reclamando que bajáramos la música, a lo que Gecko se disculpó amablemente con un entonado acento, como cada vez que se topaba con alguien de las Islas Británicas. Las citas sobre Salgari, mapas bajados de internet y hasta una brújula que había encontrado en la plaza Victoria de Valparaíso fueron corroborados, desmentidos y calumniados como elementos decidores. Horas después, la vecina con una evidente molestia nos preguntó derechamente por qué no nos íbamos a dormir, lo cual hicimos caso como obedientes perros.

1 Comments:

Anonymous Anônimo said...

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8:25 AM  

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